EMERGER.

Deshaciendo patrones para ser tú.

Llevas tiempo funcionando.

Resuelves, cuidas, aguantas. Eres la que está cuando todos te necesitan. Y por fuera todo tiene buena pinta. Pero por dentro hay una sobrecarga o una tensión de fondo que no se va simplemente con el fin de semana. O un agotamiento por no saber cuándo fue la última vez que te preguntaste cómo estás tú. Inclusive la repetición de las dinámicas en tus relaciones o trabajo.

Has probado cosas. Un psicólogo que estuvo bien pero no llegó al fondo. Yoga. Mindfulness. Ser más fuerte. O quizás medicación que alivió pero no cambió nada.

Y sigues volviendo al mismo sitio. Con distintas caras, distintas situaciones. Pero el mismo patrón.

Puede parecer que el problema es la pareja. O el trabajo. O la ansiedad. Pero no lo es.

El problema lleva ahí mucho más tiempo.

Tiene que ver con cómo aprendiste a estar en el mundo. Con la niña que aprendió que su valor dependía de lo que hacía por otros, no de quién era. Que pedir era una carga. Que el descanso había que ganárselo. Que sus necesidades podían esperar.

Ese aprendizaje no se fue. Se convirtió en la estructura desde la que operas hoy.

Y todo lo demás (la pareja, el trabajo, el cuerpo que ya no aguanta ) son la señal. No la causa.

Las soluciones que has probado atacaban el síntoma, no la ráiz.

Porque el origen no está en ti — está en el sistema en el que creciste.

En las dinámicas que aprendiste desde pequeña y que siguen activas hoy: en cómo te relacionas, en lo que toleras, en lo que crees que mereces.

 

 

Nacer en un entorno que no te vio, que te exigió demasiado o que organizó su funcionamiento alrededor de tu sacrificio no es culpa tuya.

Pero sí es tu punto de partida. Y mientras no se trabaje ahí, el patrón se repite. El mismo nudo, con otra cara.

Y si eres mujer, salir es todavía más difícil. Porque además del sistema familiar, cargas con todo lo que lleva siglos diciéndote lo que se espera de ti — cuidar, sostener, no ocupar demasiado espacio. Un falso sentido de responsabilidad reforzado con culpa y con la sensación de que si te priorizas estás fallando a alguien.

Salir de ahí no es egoísmo. Es el trabajo más valiente y necesario que puedes hacer.

LA TRANSFORMACIÓN.

El resultado no es gestionar mejor lo que duele.

Es convertirte en quien eres cuando ya no vives para los demás, cuando dejas de cargar con lo que nunca fue tuyo.

Cuando terminas este proceso no sales con herramientas nuevas para aguantar mejor. Sales siendo tú — quizás por primera vez.

Sin el peso de lo que aprendiste que tenías que ser. Fuera de los patrones que se repetían. Sin sentirte esclava de las expectativas ajenas — y sin sentirte mala persona por ello. Con tu energía de vuelta. Tu chispa. Las ganas de vivir desde dentro, a tu manera.

Eso es Emerger.



CÓMO TRABAJAMOS.

El proceso tiene tres fases naturales.

Exploración y encuadre.

2-3 SESIONES. Evaluación de tu situación. Detección de los núcleos centrales a trabajar. Una devolución desde un encuadre de esperanza, contención y seguridad. Para que sepas desde el principio a qué nos enfrentamos y qué es posible.

Trabajo en Profundidad

3-6 MESES. Análisis de patrones, creencias y mecanismos de defensa. Conexión con el origen personal y familiar. Trabajo de los miedos capa a capa. Redefinición del síntoma como señal de vida, no como condena.

Asentamiento y continuidad

Las sesiones se espacian de forma natural a medida que los cambios se consolidan. Porque el objetivo es que empieces a sostenerte sola. Eso también es éxito terapéutico. Tu independencia. Tu libertad.

No medimos el éxito en meses.

Lo medimos en quién eres cuando terminamos.

Desde Emerger Proponemos un arranque terapéutico de 3 MESES, para que encauzar el proceso. 

Cada persona, al consultar, se encuentra en circunstancias vitales muy distintas: Una toma de contacto de 3 sesiones iniciales de valoración, y unas posteriores sesiones quincenales durante dos meses, puede permitir plantear todos los objetivos y necesidades más importantes a atender.

El ritmo de evolución lo marca la complejidad de la situación presente que tenga cada uno, la carga pasada desde la que partimos y la flexibilidad de cada uno. A heridas más grandes, mayores serán los muros levantados para protegerlas y más inaccesibles estarán las mismas. 

Tras los tres meses de arranque, las sesiones se mantienen igualmente quincenalmente, teniendo ya un mapa de lo más importante/urgente a trabajar y del por qué de nuestro estado. 

 

La que siempre fuiste,
pero renovada de verdad
y para siempre.

Lo que dicen quienes lo han vivido...

BLANCA PIÑA
Marta es encantadora, ademas de una gran profesional es una bellísima persona. "Da en la tecla" desde el minuto uno, y lo mas importante es que te hace comprender el origen de lo que te pasa, al tiempo que te da herramientas para afrontar y gestionar lo que sucede.
ML
Las personas como es mi caso con profundas heridas emocionales, cuando buscamos ayuda esperamos encontrar a un@ terapeuta con quien nos sintamos acogidos y sostenidos antes nuestro sufrimiento. Marta te acompaña en todo momento a ser consciente de lo que esta apasando en tu interior, te enseña a gestionar y superar todas esas emociones. Su empatía te hace sentir cómoda y seguro en todo el proceso. Amorosa, con una calidad humana increible. Marta sabe tocar tu ALMA.
Maria
Marta es mi psicologa desde hace aproximadamente 2 años. Ha sido mi guía en todos los momentos importantes de mi vida desde entonces y puedo decir con conocimiento de causa que es una psicóloga increíble, muy profesional y a la vez cercana, que te hace sentir confianza y seguridad, además de cercanía a la hora de abrirte y expresarte. Me ha ayudado mucho a crecer como persona, a gestionar mi ansiedad, mis miedos y traumas, y a saber sobrellevar situaciones difíciles de la mejor forma posible. La recomiendo cien por cien a todos aquellos que busquéis una persona profesional y cercana!
Rosa García
Necesité ayuda y encontré a MARTA. La primera impresion fue su honetidad como profesional. Crea un buen clima de confianza que facilita mucho hablar de nuestros problemas y emociones - que ella escucha atenta y activamente. La empatía se le nota en la mirada y sientes su conexión para expresarte libremente. Un día le dije que ponía muy bien las inyecciones - y así lo siento - lentamente vas sintiendo su efecto sanador. En mí hay un antes y un después de poner a MARTA en mi vida - me encanta decirlo así! Y si buscas porque necesitas no lo dudes, se llama Marta y - como se suele decir - si no existiera habría que inventarla.
Esther Piñero
!Marta es una gran profesional! Desde que empece con ella he tenido una grandísima evolución. Su empatía, su dedicación, su adaptación y sobretodo la confianza que trasmite, para mi esta siendo muy importante en mi proceso. Más que recomendable.

¿Lista para empezar tu viaje?

No hace falta que lo tengas todo claro. No hace falta que sepas exactamente qué te pasa ni que estés segura de que esto es para ti.

Solo hace falta que sientas que ya es hora.

El siguiente paso es una conversación. Una sesión de valoración gratuita de 20-30 minutos — para conocernos, para que me cuentes dónde estás, y para ver juntas podamos ver si es tu momento.

Preguntas frecuentes

Ya fui a psicólogos y no me sirvió.

Lo entiendo. Y no lo digo para invalidar lo que viviste — probablemente mejorastes, y ese trabajo tuvo su valor. Pero hay una diferencia entre trabajar el síntoma y trabajar el origen. La mayoría de los enfoques terapéuticos van a lo primero — y funcionan hasta cierto punto. Lo que hago yo va a otro sitio. No mejor ni peor — diferente. Y esa diferencia es exactamente lo que estás buscando si sientes que no has llegado al fondo.
En las primeras sesiones se construye el vínculo terapéutico, gracias a la existencia de un clima cercano, cálido y de confianza, que favorezca el sostén y la eficacia del posterior trabajo. Sólo desde un encuentro de sintonía, amabilidad y respeto puede tener lugar la cura de las heridas pasadas. Desde un vínculo distinto al vivido, amoroso.

En terapia ahondaremos en el conocimiento de tu persona y de tu problemática, analizando las dinámicas relacionales (familiares, sociales, laborales…) que han influido e influyen al mismo, así como los conflictos internos en los que se materializa.

Llevas tanto tiempo así que ya no recuerdas cómo es estar bien. Comparar tu sufrimiento con el de otros es uno de los mecanismos que te mantiene atascada — y curiosamente, es uno de los más comunes en mujeres con tu perfil. No es no estar mal. Es haber normalizado demasiado durante demasiado tiempo.
Estos pueden ser de carácter ansioso (quizás por estar demasiado estresad@ a nivel laboral, sobrepasados por problemas familiares, o por sentir un miedo paralizante ante alguna circunstancia que afrontar, por sentirnos “acorralados” en una relación de la que no sabemos cómo “salir..”); puede que notemos presión en el pecho, taquicardia, saturación mental, pensamientos negativos continuos que no podemos controlar..

Depresivos (sensación de desgana/apatía ante aquello que antes nos llenaba, apatía generalizada, sensación de vacío, falta de energía acusada…)..

En otras ocasiones “tapamos” malestares con la comida, las compras, el alcohol… el manejo de la relación con un objeto se nos hace incontrolable, más frecuente de lo que desearíamos. Presentamos una especie de “enganche”.

Puede ser que nos encontremos “perdidos”, desorientados en la vida, sin saber hacia dónde tirar…(sentimental, laboralmente)… Que no podamos controlar algunas emociones (la ira, por ejemplo), que tengamos dificultades para tener relaciones sentimentales estables e inconscientemente huyamos del compromiso o que tomemos consciencia de estar inmersos en una tendencia a repetir patrones de relaciones insanos…

Finalmente puede que presentemos síntomas físicos: epidérmicos, gástricos, musculares, cefaleas, cardiacos…que no puedan ser explicados simplemente por un origen orgánico. Nuestro cuerpo habla por nosotros.

Con cualquiera de estas circunstancias, si tomamos consciencia de sufrir un malestar marcado y frecuente, que nos interfiere en nuestro desarrollo cotidiano, es conveniente solicitar apoyo terapéutico ante la dificultad para gestionarlo.

Normal. Y es una de las cosas más honestas que puedes sentir antes de empezar. Pero hay algo que he visto repetirse en quince años de trabajo: lo que encuentras dentro no suele dar el miedo que imaginabas. Lo que hay ahí, visto con el acompañamiento adecuado, no es un abismo — es el punto de partida de todo lo que quieres cambiar. Y no tienes que sostenerte sola. Para eso estoy yo.
Esta primera toma de contacto es una oportunidad igualmente para que el futuro consultante pueda tener una primera impresión personal del profesional.

Es un miedo legítimo — porque la terapia que llega al fondo sí produce cambios en las dinámicas. Pero detrás de este miedo suele haber una pregunta más profunda: ¿me seguirán queriendo si dejo de ser la que lo aguanta todo? Esa pregunta merece una respuesta. Y encontrarla — con tiempo, con acompañamiento, sin prisa — es parte del trabajo.
Posteriormente, una vez iniciado el proceso terapéutico, las sesiones pueden espaciarse, ser quincenales por ejemplo, si bien el ritmo de la terapia siempre va a estar adaptada y consensuada con cada persona.

Tú marcas el ritmo en función de tus necesidades y posibilidades.
Las sesiones tienen una duración de 60 minutos, si bien la primera toma de contacto en persona es más extensa (90 minutos).

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